Salí de casa esta tarde, después de dormir mientras se cocía un concurso, y desayunar pain au chocolat et pain aux raisins a la hora de la comida. Pues
salí de casa, dónde había lavadora andando, y cocina llena de platos para fregar. Cuando
salí de casa, fui hasta el Pompi para ver a María y Eva y toda la librería del Pompi. En realidad,
salí de casa porque lo tenía planeado para ver a Margaux, pero al final no pudo ser. A cambio,
salí de casa para pasar una buena tarde con estas dos chicas también sufridoras de la bruja, y dar vueltas en busca del helado perfecto.
Salí de casa con la chaqueta Zara que quería cambiar, y al final vi a Kandinsky y de nuevo Calder (encantada de conocerte otra vez) con ella en el bolso. Al final,
salí de casa, y con todas estas casualidades, como la del vecino Moullet de los de charonne, tuve una tarde-noche de muy buen rato, aunque también cansancio.
Y todo, porque
salí de casa, y han pasado cosas buenas y diferentes, para recordar.
Y una entrada en casa bastante agradable, solitaria, y pensativa. Disfrutando París. De esos paseos que te gustaría fumar, para disfrutar el momento aún más.