Escuchando una canción que me pone feliz, y sentiré en unos días en concierto. Para el que he comprado la entrada hoy. Mañana de resaca, tarde con más cañas, y terminé cenando una taza de chocolate con nata y tarta de queso con arándanos, como si fuese un desayuno. Un día totalmente al revés.
Las fiestas que se pillan con demasiadas ganas, después de una enfermedad más que inoportuna, acaban teniendo un rotulador permanente, una boa roja de plumas de repente en mi cuello, y parte de la mejor fauna de mi amplia generación. Una fiesta que nos puso a todos del revés.
Situaciones extrañas, tanto en la fiesta del choso, como en el día de hoy, en las que no se sabe qué hacer o dónde posicionarse. O mejor dicho, está claro qué quieres hacer, pero no cómo. Y decido convertirme en Nadal, dar un revés, y provocar que el Federer no sepa a qué lado correr.