Y de repente despertarte y arrancar el cartel de Little Miss Sunshine de la pared, para seguir durmiendo tranquila. Hace unos meses, qué me quería decir la furgoneta amarilla?
Quizás un cambio de método, de ser y quererlo todo, para no tener nada. El que mucho abarca, poco aprieta. Ya lo dijo Esther con periodismo, el conservatorio, inglés, balonmano, puede que incluso hasta ballet. Pero ahora solo quiero natación.
Cambio también para el futuro. Replantearlo todo siempre, para casi no tener ni ganas, por no saber hacia dónde ir. Querer hacer cosas grandes, otra vez demandar independencia de mi y de todos. Imposible independencia porque en el fondo nadie lo quiere. Nadie es capaz.
Decir nadie es como decir nunca, jamás, o siempre. Ya estamos con los extremos y verdades absolutas que sólo son mentira.
Y tirando por otro lado, nadie. Porque ver Sexo en Nueva York puede llegar a ser malo. Mucho edredón para tan poco cuerpo. Y tontamente se pone la sonrisita tonta en la cara, muy tonta. Pero también se pone el miedo, y cobardía. No se sabe que hay dentro, no se quiere saber. Miedo a lo distinto. Miedo al cambio.
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