Placeres de llegar a casa:
1: abrazar a una madre con los ojos de sorpresa.
2: abrir la nevera y ver los mejores yogures del mundo mundial.
3: dormir la siesta en el sofá de casa antes de comer. dormir la siesta al sol después de comer.
4: música feliz en mi coche, pese a las ruedas picadas.
5: helado de menta. polo de menta, escuchando chinchón y sos.
6: viento. viento. viento. viento. nana en la playa nocturna.
7: sapporo, con luna casi llena. y viento. viento. viento.
8: despertar, decir te quiero mamuchi, y sumergirme para que el agua fría llegue bien dentro.
9: pinchos en cuevas familiares. lugar conocido, cada rincón, cada compañía.
10: quedarme dormida en el sofá mientras suena DEC, La Noria, o Aída.
Cuando me voy a casa, la noche antes debo no dormir. Porque ya parece casi un deber. Visitas inesperadas, visitas no vistas, hamburguesas de los cincuenta, y último metro a caras dormidas. No me cuesta nada liarme, y más si luego tengo todos los asientos del avión a mi disposición para dormir (manta incluida).
Y cuando me voy a casa, acabo llegando. En unas condiciones u otras. En unas compañías u otras. Pero me he dado cuenta que esos diez placeres, siempre con variaciones, los acabo cumpliendo yo, los acaban cumpliendo mis compañías, y sobretodo, lo acaba cumpliendo mi isla.
1 comment:
Oh! El hogar!
Y esa sensación de que allí nada importa demasiado.
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