Esperaba en el andén al penúltimo metro de la noche de sábado. Esperaba, y un chico se despedía de su chica. Se despedían con ternura y pasión a partes iguales, y daban ganas de decirles, no que se fuera a un hotel, sino que por favor, continuaran la noche juntos.
El chico pasó por delante mía, y la chica se quedó sola, mirando su móvil, sin aparentemente nada que decir. Y yo, debatiéndome si decirle que él era el chico de su vida, que no lo dejase escapar, que por favor, durmieran juntos esa noche para que yo creyese en el amor. Pero ella estaba sola.
Pero el tren ya estaba entrando en la estación, y ella,de repente, estaba abrazada por su chico de nuevo. No sé cuándo había vuelto, pero estaba acurrucándola, y al subirme al vagón más lleno de la historia a estas tantas de la noche, estaban a mi lado. Qué bonito me pareció todo de repente. Oía besos cortos, besos largos, y secretos al oído.
No quería, pero vi una mirada, de él, sin sentido, hacia el cristal del vagón. Todo parecía tan perfecto, pero a él parece que dejó de importarle...
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