No me gusta escuchar una voz entrecortada al otro lado del teléfono, a 1300 kilómetros de distancia de aquí. Espero que solamente sea uno de esos días, en los que estar rodeada de la poca luz de invierno a través de la ventana, el vino de dos euros del paquistaní, y los paseos sintiéndose una glamourosa parisina más, sirven de poco porque gana el frío, las ganas de tapas y cañas, y la poca habilidad social de esa gente bella tan sólo por fuera.
También hay otras cosas, que nos dejan vacías, y con ganas de más, pero todo pasa, y llegará el momento en el que tengas lo que te mereces, que no es poco, y quiero pensar, que por eso se hace esperar.
María, mon amour. Je t'embrasse.
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