Todo el día como un roble, sin pensar en claro ninguna alternativa, pero pensándolas todas. Dudas ante los caminos posibles que se plantean hasta invisibles. Pero no lo son, sólo son transparentes por ahora.
Como un roble, gracias a compañías preocupadas, y que ya han pasado por esto. Y gracias a papá, por enseñarme, aunque había otras maneras, las cosas por las que merecen la pena las lágrimas, y los cejos fruncidos.
Este relleno sale desde muy profundo. En realidad me alegro, parecía que llevaba tiempo incapaz de sentir nada de verdad. De vez en cuando, que pellizquen y que duela, o que hagan cosquillas y me ría, hace falta.
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